GEURIM (그리움)

Al hablar de nuestras emociones muchos tenemos experiencias para compartir, en este ejercicio de búsqueda y sanación quiero que nos  adentremos en una de las emociones más universales, profundas y melancólicas de la experiencia humana. 

Nos quedamos en Corea para examinar un término bellísimo y desgarrador: Geurium(그움 - Geurim / 그리움).

Si Seollem era el latido ante el futuro y Wiro era el bálsamo que cura el cansancio, Geurium es el eco persistente del pasado. 

En español solemos agrupar todo bajo la palabra "añoranza", "nostalgia" o "extrañar". El coreano, en cambio, vuelve a demostrar una precisión para nombrar las estaciones del alma.

En coreano moderno y clásico, el verbo Geuri-da tiene dos significados primarios que comparten la misma raíz:

Dibujar o pintar (예술을 그리다 yesureul geurida).

Añorar, extrañar o anhelar ( 그리워하다 - geuriwohada, que deriva directamente de geurium).

Esta coincidencia no es un accidente lingüístico; es una visión del mundo. Para la mentalidad coreana tradicional, pintar un paisaje o un rostro no es un ejercicio meramente técnico o fotográfico, sino un acto de evocación interior. No dibujas lo que ves frente a tus ojos en el presente; dibujas lo que tu alma extraña, lo que ha quedado grabado en la memoria o lo que está ausente. Pintar es hacer nacer algo a través del anhelo.

Es la añoranza profunda, el anhelo intenso por una persona, un lugar, un tiempo o un momento que ya no está a nuestro alcance. 

Para la psique coreana, Geurium no es una simple tristeza pasiva. Es el acto involuntario de "dibujar" con los ojos de la mente el rostro de alguien que se ha ido, el paisaje de tu infancia o un amor que se quedó en el pasado. 

Geurium proviene del verbo geuri-da (그리다), que tiene una dualidad fascinante en coreano: significa tanto "extrañar o añorar" como "dibujar o pintar

Desde la psicología, el Geurium opera en el punto exacto donde chocan la memoria y la ausencia.  Esta No es melancolía amarga, a diferencia del remordimiento o la depresión, el Geurium suele tener una suavidad extraña y dolorosa a la vez. Es la constatación de que algo fue tan hermoso o importante que, aunque hoy duele no tenerlo, prefieres sentir ese dolor antes que olvidar que existió.

Para los letrados de Joseon, la pintura no era un oficio para comercializar, sino una herramienta de autodesarrollo moral y espiritual. Cuando un erudito tomaba el pincel y la tinta negra para pintar una montaña lejana, un bambú solitario o una rama de ciruelo en invierno, estaba practicando la introspección.

Describe perfectamente esa sensación física en el pecho cuando entras a una habitación y notas la ausencia de alguien, o cuando escuchas una canción y, por una fracción de segundo, esperas ver a esa persona cruzando la puerta.

En la pintura de la dinastía Joseon, los artistas rara vez pintaban "al aire libre" copiando fielmente la naturaleza. Pintaban desde la memoria, la contemplación y el distanciamiento melancólico (Geurium). La montaña o el arroyo en el papel eran proyecciones del estado anímico del erudito, que a menudo se sentía exiliado, incomprendido por la política de la corte o distanciado de la naturaleza debido a sus obligaciones burocráticas.


En la Corea de Joseon, los letrados expresaban su lealtad al rey, su dolor por la pérdida de un amigo o su nostalgia por una época dorada a través de un trazo de pincel. Pintar y extrañar eran exactamente la misma operación del alma.

Es, en esencia, la prueba de que lo que amamos de verdad nunca desaparece por completo de nosotros; simplemente cambia de forma, transformándose en un anhelo silencioso que nos acompaña el resto del camino.


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