Mateo 21:33-43, es conocida como la Parábola de los viñadores homicidas. Y el versículo clave donde Jesús dicta la sentencia es el 43:
"Por eso os digo que se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos."
Es una profecía sobre la historia de la salvación, la identidad del verdadero Israel y el nacimiento de la Iglesia.
Para los oyentes judíos del siglo I, el simbolismo de Jesús era inconfundible. Estaba citando directamente el "Canto de la Viña" del profeta Isaías (Isaías 5).
El Viñedo; Representa al pueblo de Israel, plantado y cuidado por Dios. El Dueñoes Dios Padre. Los Viñadores (inquilinos)son las autoridades religiosas y políticas de la época (fariseos, sumos sacerdotes, escribas) a quienes se les confió el cuidado espiritual del pueblo.
Los Siervos son los profetas del Antiguo Testamento, que fueron golpeados y asesinados cuando venían a pedir cuentas. Y el Hijo del Dueño es el propio Jesucristo, a quien sacan fuera de la viña (fuera de las murallas de Jerusalén) para crucificarlo. Jesús está haciendo un diagnóstico histórico implacable.
Cuando Jesús dice que el viñedo será entregado a "otro pueblo que rinda sus frutos", está anunciando el nacimiento de la Iglesia Católica (Universal).
En la teología cristiana, esto se conoce históricamente como el concepto del Nuevo Israel o el Israel verdadero. La Iglesia no es un "Plan B" de Dios porque el "Plan A" falló; la Iglesia es el cumplimiento, la maduración y la expansión del Israel bíblico.
San Pablo lo explica magistralmente en Romanos 11 con la metáfora del olivo:
- Las ramas que no dieron fruto (las autoridades y los judíos que rechazaron al Mesías) fueron desgajadas, y en ese mismo tronco se injertaron ramas silvestres (los gentiles, es decir, todos los demás pueblos de la tierra).
El Israel bíblico, al aceptar a Cristo, se transformó y se expandió para convertirse en la Iglesia Católica.
El Israel Bíblico (Histórico) era la nación elegida para una misión específica; preparar biológica, cultural y espiritualmente el terreno para la encarnación del Mesías. Una vez que Cristo fundó la Iglesia y estableció el Nuevo Pacto con su sangre, los límites geográficos y étnicos se rompieron. El "Pueblo de Dios" ya no se define por la genética o la geografía, sino por el bautismo y la fe en Cristo.
El Estado Moderno de Israel (1948), es una entidad geopolítica, una república secular y democrática fundada en el siglo XX. No es el "Israel bíblico" del Antiguo Testamento. Apoyar su derecho a existir es una cuestión de derecho internacional y política, pero no es un dogma teológico cristiano.
Para la Iglesia, las promesas hechas a Abraham y a David no culminan en un gobierno político en el Medio Oriente, sino que encuentran su cumplimiento definitivo y eterno en Cristo y en su Cuerpo Místico, que es la Iglesia.
Es vital hacer una última aclaración para no caer en el error histórico del antisemitismo. Aunque la Iglesia Católica es el Nuevo Pueblo de Dios, el Concilio Vaticano II (en su declaración Nostra Aetate) aclaró de forma contundente que Dios no ha revocado sus dones ni su llamado al pueblo judío (Romanos 11:29).
La parábola de los viñadores homicidas fue una condena a las autoridades religiosas corruptas de aquel momento, no una maldición eterna sobre toda la raza judía. Los apóstoles, la Virgen María y los primeros miles de cristianos eran todos judíos.
En conclusión; El viñedo fue entregado a un nuevo administrador. El Israel de la promesa se transfiguró en la Cruz, dejando de ser una sola etnia en un rincón del desierto para convertirse en una Iglesia universal, abierta a todas las naciones, encargada de producir los frutos que el Dueño espera hasta su regreso.
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