CLARETIANOS


Examinemos hoy a una de las congregaciones más dinámicas, apasionadas y combativas de la Iglesia moderna: los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, conocidos mundialmente como los Claretianos. Y, por supuesto, debemos hablar de su fundador, un hombre que parecía tener fuego en las venas: San Antonio María Claret.

La geografía de Antonio María Claret es la de un torbellino que recorrió España, el Caribe y Europa en una época de convulsiones políticas y sociales extremas (el siglo XIX).

Nace en Sallent (Cataluña) en 1807. Su familia se dedicaba a la industria textil. De joven fue un tejedor brillante y diseñador industrial talentoso. Sin embargo, escuchó la llamada del sacerdocio, dejó los telares y estudió teología, ordenándose sacerdote en 1835.

Tras ordenarse, recorrió Cataluña predicando misiones populares a pie, de pueblo en pueblo, con una oratoria tan abrasadora que conmovía a multitudes. Debido a sus denuncias contra la corrupción política y anticlerical de la época, el gobierno liberal lo declaró "peligroso" y lo exilió a las Islas Canarias, donde pasó años predicando en un profundo retiro.

En 1849 fundó la Congregación de los Claretianos. Inmediatamente después, el Papa Pío IX lo nombró Arzobispo de Santiago de Cuba. Cuba era entonces una colonia española plagada de esclavitud, corrupción eclesiástica, concubinato generalizado y miseria. Claret viajó por toda la isla a pie o a caballo, enfrentándose a los terratenientes esclavistas y a los corruptos (intentaron asesinarlo en varias ocasiones; en Holguín, un sicario le abrió la mejilla con un machete, pero sobrevivió milagrosamente).

Regresó a España obligado por la Reina Isabel II, quien lo nombró su confesor real. Esta fue su geografía más amarga: vivir en los pasillos de la corte madrileña, un nido de intrigas políticas que él detestaba. Con la Revolución de 1868, que derrocó a la monarquía, tuvo que exiliarse de nuevo a Europa, participando en el Concilio Vaticano Primero y muriendo en un monasterio en Francia en 1870.

La biografía espiritual de San Antonio María Claret desafía la idea de que un santo es un hombre calmado y silencioso. Claret era un activista del Evangelio hiperactivo.

Comprendió que la imprenta era el arma más poderosa de su época. Fundó la Librería Religiosa en Barcelona, escribiendo, traduciendo y publicando más de 200 libros, opúsculos y hojas volantes, distribuyendo millones de ejemplares gratuitos de literatura espiritual, educativa y de higiene social para el pueblo llano.

Además de los Misioneros Claretianos (fundados en 1849 con apenas cinco sacerdotes en una pequeña celda en Vich), también cofundó las Religiosas de María Inmaculada (Misioneras Claretianas) para la educación de la mujer y la juventud trabajadora.

A pesar de estar en constante movimiento político y pastoral, poseía una vida interior mística muy profunda, experimentando gracias extraordinarias y sufrimientos físicos asumidos como penitencia.

La misión de los Hijos del Inmaculado Corazón de María (los Claretianos) fue diseñada por su fundador como una fuerza de choque evangelizadora para los momentos de crisis social.

Su lema se basa en las palabras de Cristo: "La caridad de Cristo nos urge" (2 Cor 5,14). Los claretianos son una congregación de sacerdotes y hermanos consagrados a la misión popular itinerante.

Claret no quería monjes estáticos encerrados en abadías; quería misioneros listos para ir "a donde fuera necesario" para la salvación de las almas. 

Hoy en día, los claretianos operan en más de 70 países en los cinco continentes. Se especializan en misiones en zonas de frontera, trabajo en medios de comunicación, defensa de los derechos humanos, parroquias urbanas complejas y trabajo con migrantes y refugiados.


El legado de San Antonio María Claret y sus misioneros se resume en una palabra: AUDACIA . 

Claret demostró que la santidad no consiste en ignorar los problemas del mundo, sino en meter las manos en el barro para transformarlo: defendió a los esclavos cuando nadie quería hablar de eso, educó a los pobres cuando el analfabetismo era masivo, usó los medios de comunicación de su época para combatir la desinformación y no temió enfrentarse a reyes, ministros y dictadores cuando la dignidad humana era pisoteada.


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