Hormisdas no pasó a la historia como un papa de discursos místicos o grandes milagros; fue, ante todo, un diplomático de hierro y un arquitecto legal implacable. Su misión principal fue resolver una fractura geopolítica y espiritual que amenazaba con partir a la cristiandad por la mitad.
Hormisdas es considerado santo porque, en el siglo VI, la Iglesia no necesitaba a un poeta místico; necesitaba a un ingeniero estructural
Cuando Hormisdas asume el papado en 514, la Iglesia llevaba más de treinta años rota por el llamado Cisma Acaciano (484-519). La fricción nació en Oriente. El emperador bizantino Zenón, en un intento por pacificar su imperio, redactó un documento llamado Henotikón (Edicto de Unión). Su objetivo era crear un punto medio entre los católicos ortodoxos (que creían que Cristo tenía dos naturalezas, divina y humana) y los herejes monofisitas (que afirmaban que Cristo solo tenía naturaleza divina).
Su santidad no es la del misticismo de estigmas, sino la santidad del deber cívico y pastoral cumplido a la perfección. Se santificó en la burocracia, en la redacción de tratados, en la paciencia de las embajadas y en la negativa rotunda a negociar la verdad. Nos demuestra que el liderazgo firme, cuando está orientado a proteger a los demás y restaurar el orden, es también una forma de virtud heroica.
El problema es que la teología no tolera bien los "puntos medios". Al intentar complacer a todos, el emperador y el patriarca de Constantinopla (Acacio) pasaron por encima de la autoridad de Roma y del Concilio de Calcedonia. En respuesta, el papado excomulgó al patriarca oriental, cortando las comunicaciones. Durante 35 años, Roma y Constantinopla dejaron de hablarse.
En la teología católica, la mayor obra de caridad que un Papa puede hacer no es repartir pan, sino proteger la verdad sobre quién es Cristo. Si la doctrina se corrompe, la fe entera colapsa.
Hormisdas heredó este desastre. Pero en lugar de ceder o buscar un falso consenso (un error que hoy vemos a menudo en la política moderna), Hormisdas operó con una rigidez calculada. Aprovechando que un nuevo emperador más ortodoxo (Justino I) había subido al trono en Constantinopla, el Papa envió en el año 519 un documento maestro que hoy se conoce como la Fórmula de Hormisdas.
Cuando Hormisdas operó con tanta rigidez contra los herejes (los que decían que Cristo solo era divino y no humano), no lo hacía por ego o por simple control político. Lo hacía porque, en el ecosistema católico, si Cristo no fue plenamente humano, entonces el sufrimiento humano y la salvación pierden su sentido
Este texto era un contrato sin margen de negociación. Exigía dos cosas fundamentales para restablecer la paz:
La condena absoluta de los herejes incluyendo al difunto patriarca Acacio.
El reconocimiento explícito de la primacía de Roma. Hormisdas utilizó el pasaje de Mateo 16:18 «Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia» para establecer legalmente que la sede romana nunca había fallado en materia de fe y que era el árbitro final de la verdad.
La Iglesia reconoció en su "intransigencia" la virtud cardinal de la Fortaleza. Hormisdas actuó como el sistema inmunológico del cuerpo eclesiástico: fue implacable para extirpar la infección de la herejía y proteger la salud del dogma. En esa época, ceder un milímetro en la verdad teológica era considerado un pecado de debilidad; defenderla con una armadura legal era un acto de santidad heroica.
Los obispos orientales, presionados por el emperador y acorralados por la diplomacia del Papa, terminaron firmando. Hormisdas logró lo impensable: someter al Oriente griego a la autoridad legal del Occidente latino, cerrando el cisma.
Más allá de la alta diplomacia, el papado de Hormisdas nos dejó otras dos particularidades fascinantes que rompieron moldes.
Fue Hormisdas quien le encargó a un monje astrónomo llamado Dionisio el Exiguo la monumental tarea de reformar el calendario. Dionisio fue quien calculó la fecha del nacimiento de Cristo y estableció el sistema de Anno Domini (el año "después de Cristo" que seguimos usando hoy en día), aunque con un margen de error de unos pocos años.
Antes de ordenarse sacerdote, Hormisdas había estado casado y era viudo. Tuvo un hijo legítimo que, años más tarde, seguiría los pasos de su padre y también llegaría a ser Papa bajo el nombre de Silverio (gobernando del 536 al 537).
El pontificado de Hormisdas es un caso de estudio sobre el poder de la intransigencia táctica. Él entendió que, en cuestiones de identidad y principios fundamentales (como la doctrina), la ambigüedad y los acuerdos a medias solo prolongan la enfermedad. Para sanar el cisma, utilizó un documento quirúrgico que forzó a la otra parte a definirse por completo.
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