TLAXCALA
Hoy el humo de Tlatelolco tiene un sabor dulce esta tarde. Durante años, respiramos el polvo de nuestra propia humillación mientras los mexicas nos bloqueaban la sal, el algodón y la dignidad. Hoy, el viento huele a carne quemada de los que se decían amos del mundo.
Estoy de pie sobre los escombros de su Gran Teocalli. Mis hombres están destrozando los ídolos a mazazos, empujando los pedazos por las mismas escalinatas donde tantas veces arrojaron los cuerpos sin corazón de nuestros hermanos capturados en las Guerras Floridas. La deuda ha sido cobrada con creces.
Veo a Malinche(Cortes)dando órdenes desde su caballo, con su armadura abollada y su rostro pálido cubierto de lodo y sangre seca. Los hombres blancos creen que ellos han conquistado esta ciudad. Que sigan creyéndolo. Esos forasteros con sus bestias gigantes y sus varas que escupen fuego fueron el ariete perfecto, la herramienta que los dioses nos enviaron para perforar el muro de Tenochtitlan. Ellos pusieron la chispa, pero la madera podrida y el odio que la incendió lo pusimos nosotros, los tlaxcaltecas, los chalcas, los totonacas. Ciento cincuenta mil guerreros mesoamericanos borrando del mapa a la escoria mexica.
Miramos hacia la laguna. Las canoas enemigas han sido hundidas. Dicen que el joven Tlatoani, Cuauhtémoc, ha sido capturado como un animal acorralado. Ya no hay centro del universo. Ahora, mientras la lluvia apaga los incendios y barre la sangre de las calzadas, nosotros nos prepararemos para hablar con estos extranjeros barbudos. Usaremos su fuerza para construir nuestro propio futuro. El águila ha muerto hoy, pero la serpiente de Tlaxcala acaba de mudar de piel.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por comentar. Que tengas un excelente día.