MADRE
Tu voz es una cuna
que flota entre relámpagos.
La casa se sostiene
sobre tus manos de fuego.
Llevas mundos en tu espalda,
cada uno un cráter abierto,
el alma astillada en sacrificio
pero siempre cristalina.
¿Quién más podría ser columna,
pilar de una fe que tambalea?
Dios te moldeó de tierra y agua
y aún sangras oro por amor.
El cuerpo se quiebra lentamente,
pero tus ojos no conocen derrota,
cantan himnos a pesar del peso,
la furia, la fatiga, el sueño.
Madre, madre, infinito que abraza,
cuando el mundo calla,
tú nos alumbras. Antorcha y fogata
II
Eres canto y risa en la mañana
la columna fisurada pero no rota
tus manos, amor con razón,
danzas en mi mundo como una canción.
Madre, guerrera de soles ardientes,
tejes sueños con hilos fervientes.
Tu voz, cristal bendito de Dios,
rompe mi miedo en suspiros
Tus ojos, luceros pisando la luna,
encienden la noche como ninguna.
Eres mi raíz, viento, tambor,
templo sagrado de puro calor.
Aquí en tu sombra juego y me pierdo,
bajo tu manto siempre me acuerdo.
Lluvias y remedios, sonrisas y recuerdos
III
Madre mía,
tu sombra indomable,
huérfana de tiempo
pero no de espacio
te eriges en
tus propias voces,
amorosa con tus
heridas abiertas.
Fuerza en tus
manos cansadas,
valentía en
los días grises,
eres llama que
nunca cede,
un río que
avanza sin pausa.
Bajo tu abrigo
aprendí a mirar,
a luchar contra
el peso del mundo,
y aunque mi alma
también tropieza,
en tu nombre
hallo siempre calma.
No sé cómo lo haces, pero siempre terminas despertando algo muy personal en quien te lee.
ResponderBorrarMe llevó, por un momento, a los silencios, al cansancio y al amor inmenso que muchas madres entregan sin esperar nada a cambio. Gracias por regalar palabras que se sienten más como un abrazo 🩷