SANTA JUANA DE ARCO

Para comprender el fenómeno de Juana de Arco, es necesario despojarnos de la imagen de la santa frágil y mística de los cuadros decimonónicos. Juana fue, ante todo, un genio militar táctico, una comandante de hierro y una guerrera cuya ferocidad en el campo de batalla redefinió las leyes de la Guerra de los Cien Años. 

El 30 de mayo de 1431, en la plaza del Viejo Mercado de Ruan (capital de la Normandía ocupada por los ingleses), Juana de Arco, de apenas 19 años, es conducida al patíbulo. 

A los ojos de la historia militar, la ejecución de Juana no fue un acto de celo religioso, sino un asesinato político de Estado. Los ingleses necesitaban desacreditarla: si Juana era una enviada de Dios, entonces la corona inglesa estaba maldita; pero si lograban quemarla como bruja y hereje, la coronación del rey francés Carlos VII —lograda gracias a las victorias de Juana— quedaba deslegitimizada.

Juana es atada a una estaca inusualmente alta para que el pueblo pueda verla arder lenta y públicamente. Pide una cruz; un soldado inglés rompe dos palos y se la entrega, la cual ella besa y coloca en su pecho antes de que las llamas consuman su cuerpo. Sus últimas palabras, gritadas en medio del humo, son el nombre de Jesús. Su ejecutor confesaría horas después el pánico que invadió a las tropas inglesas: "Estamos perdidos, hemos quemado a una santa".

Meses antes de la hoguera, Juana es sometida a un juicio inquisitorial en Ruan, orquestado por el obispo Pierre Cauchon, un colaboracionista de los ingleses. Este fue un proceso judicial viciado desde su origen. Al no poder derrotar a Juana en el campo de batalla, los ingleses buscaron destruirla a través de la narrativa jurídica. El juicio se centró en dos puntos clave que revelan el pánico que causaba su masculinidad militar; Juana vestía armadura de placas, calzas y túnica de soldado. Ante los jueces, Juana defendió esta vestimenta con pragmatismo militar y de supervivencia; el uniforme de soldado no solo le permitía montar a caballo con eficacia en la batalla, sino que la protegía de los intentos de violación por parte de los guardias ingleses en la prisión. Para el tribunal, sin embargo, romper el rol de género tradicional era sinónimo de perversión satánica.

En una de las sesiones, los jueces le preguntaron si estaba en gracia de Dios. Si respondía "sí", era herejía (por presunción de infalibilidad); si respondía "no", confesaba su culpabilidad. Juana respondió con una agudeza intelectual ;que desarmó al tribunal: "Si no lo estoy, que Dios me ponga en ella; y si lo estoy, que Dios me mantenga en ella".

Veinticinco años después de su muerte, una vez que Francia expulsó definitivamente a los ingleses de su territorio utilizando el impulso militar que Juana había iniciado, el Papa Calixto III ordenó la reapertura del caso a petición de la madre de Juana e Inés Romée, y del inquisidor de Francia, Jean Bréhal.

Este Juicio de Anulación (o Rehabilitación) se llevó a cabo en París y Ruan, llamando a testificar a más de 115 testigos supervivientes: soldados que pelearon a su lado, ciudadanos de Orleans y los propios jueces del primer tribunal. El veredicto de 1456 fue rotundo: el primer juicio fue declarado nulo, corrupto, lleno de contradicciones y guiado por el odio político. Juana fue proclamada inocente y mártir. La Iglesia no solo lavó su memoria, sino que reconoció que la "Doncella de Orleans" había sido el instrumento legítimo para la preservación de la nación francesa.

Caminando más atrás en el tiempo, llegamos a la geografía de su gloria militar. Juana no era una mascota espiritual que animaba a las tropas; era una estratega agresiva que rompió con la guerra defensiva y obsoleta de los generales franceses.

En Mayo de 1429, Orleans llevaba meses sitiada por los ingleses y estaba a punto de caer. Juana llegó con un contingente de relevo e impuso una táctica de asalto directo. Vestida con armadura blanca, lideró la toma de los bastiones ingleses de Saint-Loup y Les Tourelles. A pesar de ser herida en el hombro por una flecha, se extrajo la punta ella misma, regresó a la línea de fuego y lideró la carga final que rompió el sitio en solo nueve días.

En Junio de 1429, se consolidó su genio táctico. Frente a los temibles arqueros ingleses (longbowmen), Juana ordenó una carga rápida de caballería pesada antes de que los ingleses pudieran parapetarse detras de sus estacas defensivas. El resultado fue una victoria relámpago que aniquiló al ejército inglés y abrió el camino libre hacia el norte.

En Julio de 1429 logró lo que parecía imposible: escoltar al delfín Carlos a través de territorio enemigo hasta la catedral de Reims para ser coronado legítimamente como Carlos VII. En la ceremonia, Juana permaneció junto al altar sosteniendo su famoso estandarte.

Los atributos de Juana reflejan su doble naturaleza como mística y soldado:

El Estandarte Blanco fue diseñado por ella misma, llevaba la imagen de Dios sosteniendo el mundo, flanqueado por dos ángeles y las palabras Jhesus Maria. Juana confesó que prefería su estandarte cuarenta veces más que su espada, pues lo usaba para liderar las cargas en el frente sin tener que matar a nadie directamente.

La espada encontrada milagrosamente detrás del altar de la iglesia de Santa Catalina de Fierbois, tal como sus voces le habían indicado. Era una espada antigua marcada con cinco cruces y su armadura de placas el símbolo de su renuncia a la vida civil y su adopción de la identidad de Chef de Guerre (Jefe de Guerra).

Juana nació en el pequeño pueblo de Domrémy, en la frontera de Lorena. Allí, a la edad de 13 años, en el jardín de su padre, una joven campesina analfabeta escucha por primera vez las voces del Arcángel San Miguel (el capitán de las milicias celestiales), de Santa Catalina y de Santa Margarita. No le piden que rece en un convento, sino que ejecute una misión militar de geopolítica: "Levanta el sitio de Orleans y lleva al rey a Reims"

Juana de Arco fue beatificada en 1909 y canonizada de forma solemne por el Papa Benedicto XV el 16 de mayo de 1920 en la Basílica de San Pedro.

¿Por qué es santa una mujer que lideró ejércitos? La Iglesia reconoció en Juana las virtudes heroicas de una fe puesta en acción bajo las condiciones más extremas de la historia: Prefirió la hoguera antes que traicionar las directrices de su espíritu. Logró mantener la disciplina moral en sus campamentos militares (prohibió los saqueos, expulsó a las prostitutas y obligó a los soldados a confesarse antes de la batalla), transformando a un ejército desmoralizado en una fuerza con un propósito noble. Soportó meses de tortura psicológica en un juicio corrupto sin que su fe flaqueara un solo instante.

Juana de Arco no es santa a pesar de haber sido guerrera; es santa porque convirtió el campo de batalla, el tribunal de sus enemigos y el fuego de la hoguera en el altar donde forjó, con acero y congruencia, su inexpugnable e imperecedera libertad.

Juana de Arco logró lo que muy pocos santos: convertirse en un símbolo universal de soberanía. Para los católicos, es la santa que demostró que la fe puede vestir armadura; para las naciones, es el emblema de que una causa justa, defendida con congruencia, es capaz de derribar imperios enteros..





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