El 2 de mayo, la Iglesia celebra la memoria de San Atanasio de Alejandría (296-373 d.C.), Obispo y Doctor de la Iglesia, conocido como "Columna de la Iglesia" y "Padre de la Ortodoxia". Su vida es una de las más épicas de la antigüedad cristiana, marcada por una defensa inquebrantable de la divinidad de Jesucristo.
Su vida se desarrolla principalmente en Alejandría, Egipto. En el siglo IV, esta ciudad era el epicentro intelectual del mundo mediterráneo. Atanasio nace y crece bajo la sombra de la gran Biblioteca y la Escuela Catequética, en un ambiente donde la filosofía griega y la revelación cristiana se encontraban.
Atanasio fue discípulo de San Antonio Abad, el padre de los monjes. De él aprendió una fe austera y una fortaleza inamovible. Esta conexión con el desierto le dio la resistencia espiritual necesaria para soportar décadas de persecución. Su geografía espiritual es también una de exilio. Por defender la fe, fue expulsado de su sede episcopal cinco veces, pasando un total de 17 años huyendo de emperadores que apoyaban la herejía. Tréveris (Alemania), Roma y los escondites del desierto egipcio fueron sus otros "hogares".
Athanasius contra mundum
La hagiografía de San Atanasio está ligada a su lucha contra el Arrianismo, una herejía que afirmaba que Jesús no era Dios, sino una criatura excelsa creada por el Padre. El siendo aún diácono y secretario del obispo Alejandro, el fue la mente brillante que ayudó a definir el término Consustancial
"Consustancial" (Homousios): el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre.
Al ser elegido Obispo de Alejandría, se convirtió en el principal blanco de los enemigos de la fe. Los emperadores romanos, buscando una paz política basada en el compromiso teológico, le exigieron recibir a los arrianos en la comunión. Atanasio se negó, prefiriendo el destierro antes que traicionar la verdad de Cristo.
Atanasio escribió la biografía de San Antonio Abad, obra que fue fundamental para la expansión del monacato en todo el Occidente y que influyó incluso en la conversión de San Agustín.
El Magisterio de la Iglesia ha custodiado el legado de Atanasio como un tesoro fundamental. Su enseñanza se resume en una frase famosa de su obra Sobre la Encarnación:
"Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios".
Atanasio comprendió que, si Jesús no era verdadero Dios, no podía salvarnos. Solo aquel que es Dios puede unir a la humanidad con el Creador. Fue el primero en enumerar oficialmente los 27 libros del Nuevo Testamento tal como los conocemos hoy en su Carta Festal de 367 d.C. Nos legó la certeza de que la Verdad no está sujeta a votación ni a las modas de los gobernantes. Su lema, "Atanasio contra el mundo", recuerda que la Iglesia a veces debe sostener la luz de la verdad en absoluta soledad.
San Atanasio nos enseña la parresía (valentía cristiana). En un tiempo donde el relativismo parece nublar las certezas de la fe, este Doctor de la Iglesia nos invita a:
Amar a Jesus No como un "gran maestro" o un "líder social", sino como el Dios vivo que se hizo carne. Atanasio no se desanimó por los exilios; los usó para escribir y para fortalecer la fe en otras regiones.
Nos recuerda que la Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica porque mantiene la fe de los Apóstoles sin alteraciones.
¿Estamos dispuestos a sostener la Verdad de Cristo con la misma firmeza, incluso cuando el "mundo" parece ir en la dirección opuesta?
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