Hoy 21 de mayo se celebra la fiesta litúrgica de San Cristóbal Magallanes y sus veinticuatro compañeros mártires, una fecha instituida por la Iglesia católica para conmemorar el aniversario de su canonización en el año 2000.
Los 25 Mártires:
La Región Norte de Jalisco (El frente del Cañón y la Sierra)
San Cristóbal Magallanes Jara:
Párroco de Totatiche. Promotor social, pacificador y fundador de seminarios clandestinos. Fusilado en Colotlán (1927).
San Agustín Caloca Cortés:
Joven vicario de Totatiche y prefecto del seminario auxiliar. Fusilado junto a su párroco, el padre Magallanes (1927).
San Roman Adame Rosales:
Párroco de Nochistlán. Destacó por su profunda catequesis y piedad eucarística. Fusilado en Yahualica tras ser obligado a caminar descalzo (1927).
San Manuel Morales (Laico):
Esposo, padre de tres hijos y presidente de la liga de defensa religiosa en Chalchihuites. Fusilado defendiendo pacíficamente a su párroco (1926).
La Región de Los Altos de Jalisco (El epicentro de la Cristiada)
San Pedro Esqueda Ramírez:
Vicario de San Juan de los Lagos. Dedicado por completo a la educación de los niños. Capturado, torturado y fusilado en Teocaltitán (1927).
San Toribio Romo González
Vicario de Jalostotitlán y Santa María de los Ángeles. Famoso por su timidez y su férreo cuidado pastoral en la clandestinidad. Asesinado mientras dormía en una fábrica de tequila (1928).
San Sabás Reyes Salazar:
Vicario de Tototlán. Sometido a brutales torturas (le quemaron las manos y los pies) para que revelara el paradero de otros sacerdotes. Murió perdonando a sus verdugos (1927).
San Atilano Cruz Alvarado:
Joven sacerdote fusilado en el rancho de Las Cruces, Cuquío, apenas un año después de su ordenación, mientras oraba en su cama (1928).
San Justino Orona Madrigal:
Párroco de Cuquío. Fundador de las Religiosas Clarisas de los Sagrados Corazones. Asesinado junto al padre Atilano (1928).
San David Galván Bermúdez:
Profesor del seminario de Guadalajara. Durante los combates en la ciudad, acudió a auxiliar espiritual y médicamente a los soldados heridos. Fusilado frente al hospital (1915).
San Jenaro Sánchez Delgadillo:
Vicario de Tecolotlán. Sorprendido en el campo por las tropas federales; fue colgado de un árbol y rematado con saña (1927).
San Julio Álvarez Mendoza:
Párroco de Mechoacanejo. Reconocido por su sencillez y su labor con los campesinos. Fusilado sobre una roca en San Julián (1927).
San Rodrigo Aguilar Alemán:
Vicario de Unión de Tula. Poeta y escritor. Colgado de un árbol en la plaza principal de Ejutla; al pedirle que gritara "¡Viva el Supremo Gobierno!", contestó tres veces: "¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!" (1927).
San Miguel de la Mora De la Mora:
Capellán de la Catedral de Colima. Fue el primer sacerdote mártir del estado de Colima, fusilado en los cuarteles tras ser denunciado por no oficiar misas bajo el registro gubernamental (1927).
El Estado de Zacatecas (Zona minera y cristera)
San Luis Batis Sáinz:
Párroco de Chalchihuites. Hombre de gran dirección espiritual y celo pastoral. Fusilado al inicio del conflicto (1926).
San David Roldán Lara (Laico):
Joven vicepresidente de la ACJM (Asociación Católica de la Juventud Mexicana) en Chalchihuites. Fusilado junto al padre Batis (1926).
San Salvador Lara Puente (Laico):
Primo de David Roldán y miembro activo de la ACJM. Joven de gran fortaleza física y espiritual, fusilado en el mismo grupo de Chalchihuites (1926).
San Mateo Correa Magallanes:
Párroco de Valparaíso. Arrestado por el general Eulogio Ortiz, se le ordenó confesar a un grupo de cristeros prisioneros y luego revelar los secretos de confesión. Al negarse a romper el sigilo sacramental, fue fusilado en las afueras de Durango (1927).
Las Regiones de Michoacán, Guanajuato, Durango y Guerrero
San Bernabé de Jesús Méndez Montoya:
Vicario de Tarímbaro, Michoacán. Sacerdote pacífico que fue sorprendido intentando proteger la Eucaristía durante una incursión federal (1928).
San José Isabel Flores Varela:
Capellán de Zapotlanejo. Ejerció 26 años de ministerio ejemplar. Un antiguo protegido suyo lo denunció. Fue degollado en el cementerio tras fallar el pelotón de fusilamiento (1927).
San José María Robles Hurtado:
Párroco de Tecolotlán. Fundador de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús. Colgado de un árbol de roble el día del Sagrado Corazón (1927).
San Margarito Flores García:
Vicario de Atenango del Río, Guerrero. Sufrió prisión, humillaciones y fue fusilado a las afueras del pueblo por el simple hecho de ser sacerdote (1927).
San Pedro de Jesús Maldonado Lucero:
Párroco de Santa Isabel, Chihuahua. Fervoroso promotor de la adoración nocturna. Fue brutalmente golpeado por el cacique local hasta causarle fractura de cráneo; murió portando la Eucaristía (1937).
San Jesús Méndez Montoya:
Vicario de Valtierrilla, Guanajuato. Músico y maestro. Fusilado tras ser descubierto escondido en una casa cural improvisada (1928).
San David Uribe Velasco:
Párroco de Iguala, Guerrero. Escribió cartas hermosas aceptando el martirio antes de ser ejecutado de un tiro en la nuca (1927).
Es común que las personas pregunten por los milagros que obraron estos santos en vida. Sin embargo, para la teología católica, los mártires pertenecen a una categoría excepcional dentro de los procesos de los altares.
A diferencia de los santos "confesores" (quienes mueren por causas naturales tras una vida de virtudes heroicas y requieren la comprobación de milagros para su beatificación), los mártires son declarados santos por el hecho mismo de dar la vida por la fe.
Su santidad radica en El Odium Fidei (Odio a la fe): Se demostró jurídicamente que sus captores los asesinaron no por delitos políticos o militares, sino por odio a su carácter sacerdotal o a su profesión de fe católica. Ninguno de estos 25 hombres empuñó un fusil ni lideró tropas cristeras. Fueron ejecutados desarmados, en estado de indefensión, y en todos los casos murieron otorgando el perdón explícito a sus verdugos y soldados.
Aunque para la beatificación (1992) de los mártires la Iglesia dispensa el requisito del milagro, para la canonización definitiva (2000) la Congregación para las Causas de los Santos sí exige la comprobación de un milagro obrado por su intercesión después de la beatificación, como sello divino que ratifica su gloria.
El milagro oficial que abrió las puertas a la canonización de todo el grupo de San Cristóbal Magallanes fue la curación médicamente inexplicable de una mujer mexicana, María del Carmen Pulido, quien padecía una enfermedad terminal en el aparato digestivo y colapso orgánico generalizado. Tras encomendarse al grupo de los mártires mexicanos, sanó de forma instantánea y duradera, dictamen que fue validado por juntas médicas y teológicas en Roma.
El Papa Juan Pablo II los elevó a los altares el 21 de mayo del año 2000 en la Plaza de San Pedro por tres razones fundamentales:
La dgnificación de la Historia; Sacar de la catacumba historiográfica a las víctimas de la persecución religiosa en México, reconociendo el dolor de un pueblo cuya libertad de conciencia fue sofocada. Proponer a México santos que no llamaron a la guerra, sino que murieron pidiendo "que su sangre sirviera para la unión de los hermanos mexicanos". Aunque no fue la causa formal de su canonización, el fenómeno sociológico de San Toribio Romo (convertido en el protector místico de los migrantes que cruzan la frontera) aceleró la devoción popular, convirtiendo a este grupo de mártires en un pilar de la fe actual en el México contemporáneo.
¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!
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