SAN PIO V, PAPA

San Pío V (1504-1572), un gigante de la fe cuya memoria la Iglesia celebra precisamente el 30 de abril. 

Si San Anselmo es la grandeza de la razón, San Pío V representa la firmeza del timonel en medio de la tormenta. Fue el Papa que tuvo que implementar el Concilio de Trento y defender a la cristiandad de amenazas internas y externas. Dando inicio a la verdadera reforma de la iglesia.

La geografía de Antonio Ghislieri (su nombre de pila) es una ruta que va de la humildad del campo a la cima de la cristiandad. Nace en una familia pobre. De niño fue pastor de ovejas. Esta geografía rural forjó en él una austeridad que nunca abandonaría, ni siquiera al calzar las sandalias de pescador.  Entra en la Orden de Predicadores (Dominicos). Su geografía se vuelve la del claustro y el estudio. Aquí adquiere el hábito blanco que, por su ejemplo, los Papas siguen usando hasta el día de hoy. Como Papa, su geografía fue el Vaticano, pero su mirada fue universal. Desde Roma, envió misioneros al Nuevo Mundo y coordinó la defensa de Europa.

La vida de San Pío V es el testimonio de un hombre que no buscó el poder, sino la rectitud (Rectitudo). Al llegar al papado, Roma era una ciudad de excesos. Pío V, con una decisión única empezó por su propia casa: redujo los gastos de la corte, vivió como un monje y salía descalzo en las procesiones. 
Su gran legado fue el Misal Romano y el Breviario. Él quiso que, desde México hasta Roma, se celebrara el mismo sacrificio de la misma manera, creando un hilo conductor litúrgico que duró casi cuatro siglos

Mediante la bula papal Regnans in Excelsis del 25 de febrero de 1570, Pío V declaró hereje a Isabel I de Inglaterra, liberando a sus súbditos de la obediencia hacia ella y autorizando a cualquier católico para asesinarla y a cualquier monarca católico para destronarla.

 En 1571, la cristiandad se enfrentaba a la invasión del Imperio Otomano. Pío V no solo organizó la Santa Liga, sino que pidió a toda la Iglesia rezar el Santo Rosario. Tras la victoria en la Batalla de Lepanto, atribuyó el triunfo a la Virgen María, instituyendo la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

San Pío V nos deja tres lecciones fundamentales para aplicar a nuestra propia "geografía" diaria; Nos enseña que el cambio del mundo empieza por la reforma personal. No puedes pedir orden afuera si no hay un claustro de silencio y oración en tu interior. Ante las crisis, Pío V no se paralizó. Actuó con una intensidad indivisible. Implementar el Catecismo Romano y defender la fe no fueron tareas fáciles, pero las realizó con un solo propósito: la gloria de Dios.
Su mayor arma no fueron los barcos en Lepanto, sino las manos unidas en el Rosario. De él aprendemos que la verdadera historia se escribe de rodillas.

Un detalle hermoso de su hagiografía es que, siendo dominico, no quiso dejar su hábito blanco al ser elegido Papa. Antes de él, los Papas vestían de rojo. Por su santidad y la huella que dejó, sus sucesores decidieron mantener el blanco como símbolo de la pureza y la entrega que Pío V encarnó.

 San Pío V es el ejemplo de que se puede ser un hombre de leyes y estructuras sin perder el corazón de pastor. Él entendía que las normas de la Iglesia no son muros, sino las orillas que permiten que el río de la fe fluya con fuerza y no se convierta en un pantano.


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