Hoy el Martirologio Romano nos invita a recordar a San Cleto, una figura que es, literalmente, uno de los "ladrillos" fundamentales sobre los que se asienta el edificio de la Iglesia. Cómo sabemos Pedro y Pablo son columnas y dentro de ellas existen muchos que formaron las paredes de esta iglesia.
Durante siglos hubo una confusión en las listas antiguas. Algunos decían que Cleto y Anacleto eran personas distintas, pero hoy la Iglesia y los historiadores coinciden en que son la misma persona.
Cleto es la abreviación de Anacleto (que en griego significa "alguien llamado" o "invocado"). Ocupó la Cátedra de Pedroaproximadamente entre los años 76 y 89 d.C., después de San Lino.
A diferencia de Pedro (Galilea) o Lino (Toscana), se cree que Cleto era romano de nacimiento, pero de ascendencia griega. Su geografía se limita a la Ciudad Eterna, Vivió y pastoreó en el corazón del Imperio, en una época donde ser cristiano era caminar sobre brasas.
Anacleto conoció a Simón Pedro de quien se hizo discípulo y colaborador junto con Lino. Pedro lo bautizó y ordenó sacerdote de la Iglesia naciente. De Pedro ambos aprendieron como pastorear a sus feligreses
Se sabe que fue enterrado cerca de la tumba de San Pedro, en la colina vaticana. Su geografía es la de las catacumbas y las iglesias domésticas (tituli). La tradición más antigua (confirmada por San Ireneo de Lyon) afirma que Cleto fue uno de los discípulos directos de los apóstoles Pedro y Pablo. Formó parte de la primera generación de cristianos en Roma que escuchó de viva voz los relatos de la Pasión y la Resurrección. Pedro lo conoció personalmente y, junto con Lino, fue uno de los hombres de confianza que ayudaron a organizar la creciente comunidad romana antes del martirio del Príncipe de los Apóstoles.
Aunque los datos son escasos por la antigüedad, se le atribuyen dos hechos fundamentales que marcan la consistencia de la Iglesia:
Se dice que Cleto dividió Roma en 25 distritos(parroquias primigenias) y ordenó a los primeros sacerdotes para que atendieran a los fieles de forma organizada.
Fue él quien mandó construir un pequeño monumento funerario o "memoria" sobre la tumba de San Pedro. Gracias a este gesto de piedad de Cleto, hoy sabemos con exactitud dónde descansa el Apóstol bajo el altar mayor de la Basílica de San Pedro.
Murió mártir bajo la persecución del emperador Domiciano. No necesitó grandes discursos; su testimonio fue el de la presencia y la sangre.
San Cleto nos enseña que, a veces, la grandeza no está en escribir grandes tratados, sino en organizar con amor lo que se nos ha confiado y en honrar a quienes nos precedieron en la fe. Él fue el guardián de la tumba de Pedro y el arquitecto de la primera red de caridad en Roma.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por comentar. Que tengas un excelente día.