SAN FELIPE




Felipe fue bautizado como Felipe de las Casas. Se dice que era un niño inquieto y travieso. Una leyenda cuenta que había en su casa una higuera marchita y que en cierta ocasión su nana, harta de las travesuras del niño, había dicho «¿Felipillo santo? Sí, cuando la higuera reverdezca, cuando la higuera reverdezca.» Así, el día de la muerte de Felipe, la higuera reverdeció. Por esta razón, otro de sus atributos es el higo.

Su padre lo mando a Filipinas a que trabajará, su vida licenciasiosa y mundana, lo llevo a la perdida de dinero, abandonados por todos se entregó al monasterio...

Ante el ofrecimiento de terminar sus estudios en México para ordenarse sacerdote, Felipe se embarcó con otros frailes, pero una tormenta desvió el barco hacia Japón, donde los franciscanos se dedicaron a hacer misión, la cual tuvo al principio mucho éxito, pero al poco tiempo se desencadenó la persecución de Toyotomi Hideyoshi “Taikōsama” contra los cristianos. Básicamente, temía que los otros daimio (señores feudales) se enriquecieran al comerciar con los extranjeros, amenazando su creciente poder. Felipe, que no había sido ordenado sacerdote aún, pudo haber evitado los tormentos y la prisión, pero optó libremente por la misma suerte que corrieron los misioneros.

Los veintiséis mártires fueron llevados en procesión por varias ciudades, de Kioto a Nagasaki, para ser objeto de burla. Les fue cortada una oreja a cada uno y finalmente, en la colina Nishizaka, 6 franciscanos (de la primera y tercera orden), 3 jesuitas y 17 laicos japoneses, fueron colgados en cruces. Felipe decía durante su agonía "Jesús, Jesús, Jesús". Viendo que se ahogaba debido a la argolla en que se encontraba prisionero su cuello, los soldados lo atravesaron con dos lanzas en los costados, de las cuales una atravesó su corazón. Murió mártir el 5 de febrero de 1597.

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