TEN PIEDAD

El Kyrie Eleison (Señor, ten piedad) es una de las joyas más antiguas de la liturgia cristiana. No es solo una fórmula de oración; es un grito de reconocimiento que ha sobrevivido a imperios, cismas y revoluciones. Su fuerza reside en que es la única parte de la misa romana que conservó el griego original, recordándonos que la fe no nació en el aislamiento, sino en el diálogo entre el mundo semítico y la cultura helénica.


En el contexto de la Iglesia de los primeros siglos (especialmente en Oriente), el Kyrie Eleison no nació como un acto de "tristeza" o culpa, sino como un acto de lealtad política y espiritual. En la Biblia, el pedido de piedad no es un rezo rutinario, sino una reacción ante la presencia de lo sagrado o una urgencia de vida o muerte

En el mundo pagano, cuando el Emperador entraba en una ciudad (la Adventus), el pueblo lo recibía gritando "Kyrie Eleison". Al usar estas mismas palabras para Cristo, los cristianos primitivos estaban cometiendo un acto revolucionario: afirmaban que el verdadero Kyrios (Señor) no era el César, sino Jesús.

Originalmente, el Kyrie era la respuesta del pueblo a una larga lista de peticiones (letanías). No era un rezo individual, sino un Ala Delta sonoro donde toda la comunidad sostenía la oración del mundo.

Esta es quizá la base más directa del Kyrie en la misa. Los marginados de la sociedad ven con el corazón lo que otros no ven: que Jesús es el Señor (Kyrios).  Mateo 20, 30-31 (Los ciegos de Jericó): "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!"... y ellos gritaban con más fuerza: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!"

En griego, Eleison (ten piedad) comparte raíz con la palabra para el aceite de oliva (elaion), usado para curar heridas y ungir atletas. Pedir piedad en la Iglesia primitiva no era pedir que un juez no nos castigara, sino pedir que el Médico Divino nos "ungiera" con su bálsamo para sanar nuestra naturaleza caída.

Cuando el hombre reconoce que su situación está fuera de su control, recurre al Kyrie no como una fórmula, sino como un bálsamo (elaion).
Lucas 17, 13 (Los diez leprosos):
"Jesús, Maestro, ¡ten piedad de nosotros!"*


En una Iglesia que a veces corre el riesgo de volverse puramente administrativa o excesivamente informal, el Kyrie recupera la verticalidad.

      Hoy existe la tentación de creer que nos salvamos solos, por nuestro esfuerzo o por nuestra "buena onda". El Kyrie nos devuelve a la verdad del  "somos criaturas" que dependen del Creador. Reconocer la necesidad de piedad es el primer acto de honestidad intelectual.

Esta cita es vital para entender por qué el Kyrie se reza al principio de la misa (el acto penitencial). Lucas 18, 13 (El fariseo y el publicano): "El publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: 'Dios, ten piedad de mí, pecador'."

     Al inicio de la misa, el Kyrie actúa como un umbral. Nadie puede entrar en el misterio de la Eucaristía sin antes reconocer que es un mendigo de la gracia. Es la aplicación espiritual: la paciencia de esperar el perdón antes de recibir el banquete.


¿Porque necesitamos el Kyrie Eleison?

 Porque vivimos en la cultura del juicio implacable. Nuestra sociedad actual es experta en el juicio, pero analfabeta en la piedad. El Kyrie propone una alternativa: reconocer que todos somos falibles. Una sociedad que no sabe decir "ten piedad" es una sociedad que se devora a sí misma.

A veces el Kyrie no se pide para uno mismo, sino para aquellos a quienes amamos y que están sufriendo. Mateo 15, 22 (La mujer cananea):  "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio

     El Kyrie es un grito contra la soberbia tecnológica y el transhumanismo que pretende ignorar nuestra vulnerabilidad. Es el reconocimiento de que hay "rocas rojas" y tormentas que no podemos controlar solos.

     Como grito colectivo, el Kyrie es la voz de quienes no tienen voz. Es el murmullo de Santa Genoveva ante el asedio; es el grito de quien toca el borde del manto buscando salud.


El Kyrie Eleison es el silogismo del amor; si Dios es Amor y yo soy limitado, la única conexión lógica es la Piedad. No es una oración de derrota, sino de liberación. Al decir "Señor, ten piedad", dejamos de ser nuestros propios jueces tiránicos para entregarnos a la mirada de un Padre.

Es, en esencia, El reconocimiento de que la belleza y la salvación son dones que se reciben, no conquistas que se arrebatan. Como vemos, el Kyrie no es una oración de "tristeza", es una oración de poder. Es la llave que abre la puerta de la intervención divina en lo cotidiano.

Dios bendiga y tenga piedad de nosotros. 


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