SANTA GENOVEVA

Genoveva, hija de nobles galo-romanos, eligió la vida ascética de las vírgenes consagradas en lugar del matrimonio. El carisma de sanaciòn y la santa vida de esta mujer mística le procuraron una gran fama de santidad. Hoy es la patrona de la capital francesa.

A unos 15 kilómetros al oeste del centro de París se encuentra Nanterre. En el siglo V, este no era un suburbio moderno, sino una llanura rural.  Es aquí donde la geografía de su vida cambia cuando San Germán de Auxerre la descubre entre la multitud. 

Todavía se conserva el pozo de Santa Genoveva en Nanterre, marcando el punto de inicio de su "fuente" de milagros.


La geografía de Genoveva es la geografía de Lutece (la actual Île de la Cité). En el año 451, ante la amenaza de Atila y los Hunos, Genoveva redefine el mapa de la ciudad no con murallas, sino con voluntad.

"Dejen que los hombres huyan si ya no pueden luchar, las mujeres rezaremos a Dios hasta que nos escuche".

 Mientras los hombres querían huir, ella convenció a las mujeres de quedarse en la isla a orar. Atila, inexplicablemente, desvió su rumbo hacia Orleans, salvando a París. Desde entonces, el mapa de París tiene a Genoveva como su muralla invisible.

 El Mons Lucotitius (Montagne Sainte-Geneviève) Si miras un mapa actual del Barrio Latino (V Distrito), verás que el punto más alto es la Montaña de Santa Genoveva.

Originalmente, Genoveva mandó construir una iglesia dedicada a los apóstoles Pedro y Pablo en la cima de esta colina. Allí fue enterrada. Tras la Revolución Francesa, la iglesia dedicada a ella se convirtió en el Panteón de París. Aunque sus restos fueron quemados, la geografía del lugar sigue gritando su nombre.


Durante el asedio de los francos bajo Meroveo, el hambre azotó la ciudad. Genoveva organizó una flota de barcos y navegó por el Río Sena hacia la región de Champaña (Troyes) para buscar grano.

 El río no fue solo una vía de transporte, sino el escenario de su dominio sobre la naturaleza, calmando tormentas para alimentar a sus ciudadanos.

Genoveva fue la Incus (el yunque) sobre el cual se forjó la identidad francesa frente al martillo de los invasores bárbaros. Sin ella, París probablemente no habría sobrevivido para convertirse en la capital de Clodoveo (el primer rey franco que ella misma ayudó a convertir).


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