EL BUEY MUDO

Para trazar la geografía de Santo Tomás de Aquino, debemos visualizar un mapa que no solo recorre Europa, sino que une las dos grandes cumbres del pensamiento humano: la razón aristotélica y la fe cristiana. Su vida es un viaje de persistencia absoluta que se desplaza desde el sur de Italia hasta el corazón académico de París.

Este es  itinerario geográfico y espiritual del "Doctor Angélico":

El Castillo Roccasecca situado entre Roma y Nápoles, es el punto de partida físico. Su familia, de la alta nobleza, lo soñaba como Abad de Montecassino por poder político.

Cuando Tomás decide unirse a los dominicos (una orden mendicante, "pobre"), su familia lo secuestra y lo encierra en el castillo de Monte San Giovanni Campano. Aquí es donde su voluntad se vuelve una Incus robusta: ni las tentaciones ni el aislamiento rompieron su vocación.

En la Universidad de Nápoles, Tomás entra en contacto con dos fuerzas que definirán su geografía mental:
Aristóteles: Los textos del filósofo griego llegaban a través de traducciones árabes.
Así  conoce la libertad intelectual de los dominicos. Nápoles representa la apertura al horizonte del conocimiento universal.

París es el centro de su mapa hagiográfico. Es en la orilla izquierda del Sena donde Tomás se convierte en maestro.  Aquí lucha contra las corrientes que decían que la fe y la razón eran enemigas. Tomás crea una "frontera abierta" entre ambas.

Sus compañeros lo llamaban "el buey mudo" por su corpulencia y silencio, pero su maestro, Alberto Magno, profetizó que sus "mugidos" se oirían en todo el orbe.

Tomás viaja a Alemania para estudiar con el mayor científico de su tiempo. Esta conexión París-Colonia representa la red europea de las universidades medievales, una verdadera Ala Delta del conocimiento donde los maestros rotaban y compartían el liderazgo intelectual.

En su último viaje hacia el Concilio de Lyon, Tomás cae enfermo y se detiene en la Abadía de Fossanova. Antes de morir, tiene una visión mística que le hace dejar de escribir. Dice: "Todo lo que he escrito es paja comparado con lo que he visto".

 Su vida termina no en la cátedra, sino en la quietud de un monasterio cisterciense, cerrando el círculo entre la razón pura y el misterio absoluto.

Santo Tomás de Aquino no solo habitó ciudades; habitó la frontera entre lo humano y lo divino, cartografiando el camino para que otros pudieran caminar con seguridad entre la ciencia y la fe.


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