HUELLAS IV

En Japón, el kinbaku se llama 縛美 : "atar belleza". Estos tankas hacen honor a ese nombre. Cada poema es una ceremonia donde las palabras, como sogas, elevan lo carnal a lo espiritual: la epidermis se vuelve pergamino, el aliento, plegaria, y los nudos, símbolos de un lenguaje arcano que solo el cuerpo comprende. No hay aquí sumisión, sino alquimia: la tensión se transmuta en energía, el silencio en diálogo, el límite en umbral. Que esta colección sea tu guía hacia un jardín donde las cuerdas florecen en versos, y los versos, en puentes hacia lo sagrado

XXXI
    Pétalo rosa,
    primer nudo en tu piel,
    brisa, caricia.
    Dulce promesa despierta,
    tu alma se abre a la luz.


XXXII
    Hilos de rocío,
    cubren tu forma en aurora,
    cuerda es el alba.
    Despertar de un deseo,
    bajo el sol, la piel cede.


XXXIII
    Liana te envuelve,
    abrazo lento y sutil,
    verde tu iquietud...
    La seducción sin prisa,
    entrelaza el corazón.


XXXIV
    Niebla oculta,
    El viento dibuja,
    velado anhelo aquel...
    Misterio en tu silueta,
    encanto que persigue.


XXXV
    Piel marcada 
    cuerpo, firme y sereno,
    cuerda que aguarda.
    Promesa de un lazo fiel,
    eternidad en tu piel.


XXXVI
    Nubes se abren,
    tensión antes del rayo,
    el nudo tiembla...
    Pasión que se enciende
    dulce descarga la piel.


XXXVII
    Loto se alza
    cuerdas que se elevan,
    gracia sin fin.
    La belleza florece,
    en cada nudo, un rezo.

XXXVIII
.   Últimos nudos, 
    flores cierran sus pétalos,  
    tras el éxtasis...
    Viento esparce sus secretos, 
     alma guarda la energía.

XXXIX
   Dulce aliento 
   Viento que murmura,
   ramas atadas,
   Tu suspiro me encanta,
   el alma se rinde al tacto.

XL
    Luna, hilandera,
    teje la noche y el nudo,
    nuevo comienzo.
    En la sombra, el encanto,
    una promesa de luz.



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